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EL COSTADO DEL HUMOR OFICIAL 14 febrero, 2010

Posted by Leonel Giacometto in Televisión escrita.
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Teniendo en cuenta lo que se sabe y lo que no se sabe sobre la, digamos, pelea de Clarín con el gobierno y suponiendo que, como dicen y como nunca antes, hay, en la tele, conspiraciones económicas y mediáticas que juegan a favor y en contra de una contienda que tiene a toda la gente, personas y personajes, figuras y famosos, de Mex Urtizberea al chico de ojos claros que habla del tiempo en TN, repito, toda la gente de los medios audiovisuales está, por convicción o por el sueldo (tener en cuenta la segunda) en dos literales veredas opuestas. Teniendo en cuenta eso, volvemos a decir, lo que parece conspiración ya es un laberinto lleno de gatos embolsados donde, mirando con atención, no está para nada claro quién manipula la información, ni cómo se jactan algunos de seguir abriendo la boca, ni cómo otros la cierran antes algunas situaciones, ni quién denigra por divertimento, ni quién se da frente contra el gobierno sin importarle nada. Pero si se hace caso a la conspiración lo de Botnia no parece tan ecologista, ni Telefé tan comprometido con los derechos humanos, ni TN va a desaparecer, ni Los profesionales de siempre tan banal, ni Susana Giménez tan perezosa, ni Adrián Suar tan generoso, ni Majul tan en la cornisa. En ese laberinto mediático conspirativo, atravesado de punta a punta por los intereses económicos y hasta por un resentimiento nacido del adueñamiento exclusivo del pasado (y del peronismo, por ahora, hasta que vuelvan a juntarse) del matrimonio K, que juega y jugó un doble juego de “no me importa pero me importa”, los periodistas especializados en política, los comentadores “serios”, los periodistas en general, los analistas políticos van redefiniendo su propia identidad mediática conforme la vereda en la que se encuentren. En las dos veredas hay cajeros automáticos. Nada nuevo si se piensa que la fiesta menemista no cambió sino que tiene otro nombre y otro humor.
De PNP (“Perdona nuestros pecados”) a CQC (“Caiga quien caiga”), sin olvidarse de “Las patas de la mentira” y de un pionero, “La noticia rebelde”, pasando por “Indomables”, “Duro de Domar”, “Duro de acostar”, TVR (“Televisión registrada”), RSM (“Resumen de los medios”), “Zapping”, “Un mundo Perfecto” y hasta “Bendita TV” todos los programas de archivo con panelistas e informes sobre la coyuntura de los demás programas de televisión y medios de comunicación (gráficos, virtuales y audiovisuales) hicieron y hacen hincapié en el humor como base de su propia esencia. Con mayor o menor gusto, dedicándose al espectáculo solamente o haciendo una mezcla de muchos temas en uno, el sentido del humor y el remate mordaz construyeron la, digamos, personalidad de estos programas. También los criterios de edición, los informes con sentido en sí mismos, las mezclas de imágenes, los impresionantes archivos, la fila extensa de productores, la contraposición de comentarios, el doble y triple sentido de una misma situación, la verdad absoluta que “nadie resiste un archivo”, los conductores y hasta los tonos y los textos que los locutores dicen en cada informe marcó y marca la tendencia de ese sentido del humor que, a veces, resulta forzado, doblemente irónico, o sea, sin chispa, impuesto sin ganas, no tanto por, digamos, oficialista o no, sino por tendencioso, o malicioso según el objetivo del dardo disparado. El ejemplo oficial de ese humor egocéntrico y relamido por un poder conquistado, por una verdad ganada al fin (o esa ilusión), a veces casi como un reflejo del humor de Cristina, es “678”, o “6 en el 7 a las 8”.
Producido por Diego Gvirtz (“Indomables”, “TVR”, etc.), que tiene una productora llamada “Pensado para televisión” (PPT), zar de la televisión en y sobre la televisión y monstruo de varias cabezas, el programa arrancó en marzo del año pasado de lunes a viernes de 20 a 21 horas por la TV pública (Canal 7) con 5 panelistas (Orlando Barone, Carla Czudnowsky, Cabito Masa Alcántara y Luciano Galande), una conductora medio coordinadora (María Julia Oliván); luego se sumó al panel Sandra Russo, y sobre el final de 2009 cambió y estiró su horario para entrar, digamos, al Prime time nacional: de 21 a 22.30 horas. En cualquier momento, coherentes con son con su programa, cambian el nombre.
Es uno de los programas de más, digamos, éxito de Canal 7, es decir, uno de los más vistos “realmente” en todo el país, y tiene una increíble difusión boca a boca. Todos los días hay un invitado distinto, generalmente alguien K o con ese olor y varias secciones propias (“La patria zocalera”, “En esta estoy con el malo”, “Lo obvio y lo sutil”, “La radio ataca” y “Con distinta vara”, entre otras) que luego los panelistas debaten. Un decir. Versiones lustradas de los formatos de los informes de “Indomables” y “TVR”, que en su momento marcaron criterios, digamos, de construcción de narración televisiva donde el humor funcionaba como eje y no como guiño, estos informes son narrados por un locutor que intenta conseguir un tono acorde y canchero pero queda a mitad de camino (junto con el de “Bendita TV”), y son los disparadores para que, después, cada uno de los panelistas no debata ni reflexione, sino que opine por el contrario, siempre con un gesto de “Dios mío” y con más preguntas que argumentos. Así funciona. Los informes parecen más limpios. Pero el problema sigue siendo el humor.
Casi como una afrenta que, digamos, le juega a favor (a veces y gracias al gobierno, entiéndase), el programa posee cierto formalismo en su estructura y concepción que, de alguna manera, marca una diferencia con el resto, sobre todo con el resto de programas de ideó y creó Diego Gvirtz, donde los panelistas, si bien más iluminados en sus apreciaciones (algunos), a veces, más expuestos al rating, siempre, se dejaban ganar por el desorden y el caos reinaba, y todos hablaban al mismo tiempo (hasta el conductor). Pero acá todos se respetan los tiempos para hablar, se miran poco entre ellos (o estiran la cabeza para verse), discuten lo mínimo entre ellos, usan mucho la palabra “vulgar” (todos), se hacen chistes entre ellos pero nunca sobre los trabajos anteriores de ellos, sino, por ejemplo, una vez, una catarata de jocosidades sobre las disímiles visiones del ego gracioso de Aníbal Fernández frente a los disparos de Jorge Lanata cuando éste lo entrevistó en su programa DDT (“Después de todo”) el año pasado. Pero nada más.
Tildado de oficialista extremo, de que los sueldos de algunos llegan a 90000 pesos, que Carla Czudnowsky, ya que está en un canal del gobierno y que a veces tiene los ojos muy abiertos y otros días muy cerraditos, podría hacerse algunas preguntas sobre la muerte de su amigo e inventor (el difunto Juan Castro), que Sandra Russo tiene cara de “en cualquier momento me levanto y me voy”, que Cabito tiene de stand up lo que los Kirchner de plurales, que cuesta 20000 por programa y de ultra kirchnerista, en realidad, “678” es un programa crítico casi exclusivo de la oposición donde las quejas al gobiernos son chistes livianos, casi al pasar, los temas de espectáculos aparecen muy de vez en cuando y son, por ejemplo, Chachi Tedesco hablando de la muerte de Alfonsín; Jorge Rial tildando de cocainómano a Camilo García, un panelista de Viviana Canosa y ex pichón de Rial, y cosas así que, dejan ver, cómo resignifica el acontecer político la farándula berreta argentina. Algo parecido al paroxismo del mal gusto, el servilismo y la represión de emociones fue el reportaje (el único) que Diego Maradona le dio al programa, el año, cuando aquel pidió succión nacional.
En su formalismo, también a diferencia de otros, aparece un objetivo claro y expuesto, que en “678” lo hacen público en todo reportaje y página de Internet: “Desenmascarar cómo operan y manipulan los medios de comunicación la información del modo que más les conviene, con un seguimiento ágil y preciso sobre la actualidad política y social de la Argentina y del mundo”. Ojalá sea cierto eso pero en “678” también dudan, como todos, de esa acción operativa, tan liberal de parte del gobierno, tan limpia y navegan en cierta confusión, como todos, como Carla Czudnowsky hace unas semanas cuando sobre el, por decir, conflicto entre el Poder Ejecutivo y el Banco Central, muy blanca y muy rubia como está ahora, clavó los ojitos cerca de sus manos y largó: “A mí… (Resopla bajito) Me sigue haciendo ruido esto de que todo el tiempo tenemos que tratar de interpretar lo que se dice con lo que significa, la disociación de lo que pasa con el significado que realmente tiene”. “Será que con el tiempo esto se cae como una fruta vacía, será que estoy despierto y vos dormido, la casa estaba en orden y no encontré motivo, señal que te he perdido”, canta Calamaro.


LEONEL GIACOMETTO

PUBLICADA EN EL DIARIO EL CIUDADANO EL LUNES 18 DE ENERO DE 2010 (ROSARIO, SANTA FE, ARGENTINA)

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